De dioses y de hombres

La historia de una comunidad de monjes franceses dedicada a la ayuda hospitalaria de la población de Médéa, afectada por la violencia durante la guerra civil argelina en los años noventa, sirvió a Xavier Beauvois para la creación de Des hommes et des dieux (2010), película galardonada con el Grand Prix en el Festival de Cannes 2010 y apuesta francesa para los premios Oscar 2011 en la categoría de mejor película extranjera.

Si bien este filme está basado en hechos reales ocurridos en el monasterio de nuestra señora del Atlas en Tibhirine en 1996, el argumento se centra en la tensión y la incertidumbre generada por las amenazas de un grupo extremista islámico contra los monjes trapenses, quienes atrapados entre dos poderes (el gobierno corrupto de Argelia y los terroristas de la Jemaah Islamiya) deben tomar una decisión que pone a prueba tanto sus convicciones religiosas y políticas como sus miedos y su misma humanidad: quedarse en Argelia y exponerse a la muerte, o regresar a Francia y preservar la vida.

De inicio a fin este drama expone todo tipo de situaciones que aterrorizan a una comunidad donde pareciera que cristianos y musulmanes han fundido sus creencias en una sola a partir de una práctica sincera y consciente de la religión. Una niña asesinada por negarse a usar un velo, el asesinato de un grupo de croatas amigos de los monjes o los operativos policiales del gobierno contra la población civil de Argelia son algunos ejemplos de los eventos que acumulan la tensión y dibujan la historia central de este filme, ubicada en un escenario donde la violencia generada por intereses políticos perturba una utópica fraternidad y tolerancia entre religiones.

Para estampar este drama en el registro cinematográfico, Beauvois matiza la tensión del argumento a través de un desarrollo lento en la progresión de las imágenes. Así, la vida apacible de los monjes es descrita con sumo detalle al mostrar la labranza de la tierra, el cuidado del huerto y el trabajo manual de la producción de miel de abeja, labores diarias para el sustento del monasterio. También, la presentación completa de algunos de los cantos de las horas canónicas reclama la atención del espectador al contrastar la profundidad del canto llano con el silencio permanente de la vida monasterial. Dicho esto, es una película que, al ser compuesta con meticulosidad, requiere un espectador activo que esté dispuesto a paladear cada uno de sus detalles. Si usted es uno de ellos, Des hommes et des dieux le regalará 122 minutos de delicadeza sonora y preciosidad visual.

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