Deephan
Deephan es un drama escrito y dirigido por el cineasta francés Jacques Audiard. Ganadora de la Palm d’Or en el festival de Cannes 2015, además de ser la primera producción de Audiard en recibir esta distinción, es la primera película francesa en ser grabada casi en su totalidad en el idioma Tamil.
Este poderoso drama es atravesado por temas como la guerra, el crimen, la inmigración, las barreras idiomáticas y los procesos de aculturación a los que se ven sometidos Deephan (Antonythasan Jesuthasan), Yalini (Kalieaswari Srinivasan) e Illayaal (Claudine Vinasithamby), quienes huyen de la guerra civil en Sri Lanka y obtienen asilo en Francia. A pesar de que ninguno de ellos se conoce entre sí, se reconocen como una familia para huir de la violencia en su país y empezar una nueva vida en Europa.
Al llegar a París, son acomodados en un barrio marginal de la ciudad donde la pobreza, sumado a un ambiente de depresión social (drogas, riñas y ausencia de la policía) termina por envolver a Deephan y su familia ficticia en la misma violencia de la que, paradójicamente, habían tratado de escapar al abandonar Sri Lanka. De igual forma, el desconocimiento del idioma francés por parte de los protagonistas dificulta su inclusión en la nueva cultura. Este último, es un elemento importante dentro de la tensión dramática que se genera en la narración de Audiard.
La crudeza del argumento de esta película es matizada gracias a los recursos poéticos de los que el cine puede sacar provecho. Mientras el diseño sonoro ambiental, fuertemente realista, resalta lo punzante de una escena tan violenta como puede ser la de un bombardeo, el diseño musical, a cargo de Nicolas Jaar, dibuja sobre la pieza “Tour Eiffel” de Bryce Dessner los momentos más hondos de la interioridad de los personajes. Al mismo tiempo, la predominancia del color azul y la luz opaca acentúan la sensación de frialdad que rodea la historia y el desamparo al que la vida somete a los protagonistas.
A pesar de que la trama de Deephan está lejos de ayudar al espectador a sobrellevar una depresión dominical, pone en escena los horrores de la guerra e invita a pensar en los cientos de miles de personas que son víctimas del desplazamiento forzoso cada año alrededor del mundo.